Con la vuelta de lo que ahora ya si parece el otoño, con su fresquito y sus lluvias, me he acordado con bastante nostalgia de mi Postgrado de Coolhunting. Ya hace un año que lo empecé, fue un proceso de aprendizaje distinto al habitual, al principio todos pensábamos no estar absorbiendo la cantidad de información y no saber aplicarla pero al final resultó ser muy gratificante ver cómo habíamos educado la mirada y la utilidad tan amplia que eso podía tener. Estudié al lado de Daniel Córdoba, Marta Marín y todos los compañeros a los que siempre he considerado también unos profesionales y a los que echo bastante de menos. Lo más esperado entre masterclasses, workshops y moodboards, eran los viajes por grandes ciudades.
Coolhunters en París
A lo largo de esos viajes y sobretodo en Londres y París, vimos los focos iniciales de la tendencia de la taxidermia, la inspiración en la caza o como queráis llamarle. En Londres fuimos entusiasmados a ver la exposición de Damien Hirst en la Tate Modern, que pese a producir una sensación algo incómoda (no estoy acostumbrada a andar entre animales metidos en formol y luego pasar a mariposas vivas y muertas que forman obras de arte llenas de color) fue fascinante ya que llevaba años siguiendo al artista.
Y en París estuvimos en el Deyrolle, que si os fijáis aparece en una escena de la maravillosa película Midnight in Paris, de Woody Allen. Es una tienda de taxidermia de lo más educativa para niños a los que les guste la naturaleza y tengan espíritu de explorador, y útil para aficionados supongo, yo que pasaba por allí simplemente como observadora sentí un poco de pena porque adoro todos los animales, pero hay que reconocer que se respiraba cierta elegancia junto a la decadencia.
Ver como el proceso de creación e instauración de la tendencia ocurría frente a mis ojos fue de lo más divertido, porque a partir de allí, resultó ser que una tal Reid Peppard, diseñadora británica, fabricaba pajaritas y otros accesorios con pequeños animales reales disecados, totalmente bizzarro y horrible bajo mi punto de vista. Pero normalmente el primer paso de las artes plásticas al mundo de la moda es bastante radical y encuentra sus puntos de venta en pequeñas, escondidas y carísimas tiendas cool, al lado de cabezas de reno también reales cubiertas de cristales de Swarovski, kitsch y de mal gusto a más no poder.
Después la tendencia ya se va volviendo más light para que pueda gustar a una mayoría y comercializarse fuera del primer nicho de mercado. Y así ha sido, las cabezas de decoración ahora son en formato cartón (aquí), trapo, papel maché, vinilo (aquí) o te las puedes hacer tu mismo en una tarde de taller de scrap DIY (aquí) y sin coger la escopeta de caza de tu abuelo.
Los hemos visto como decoración de múltiples escaparates, sobretodo la temporada de invierno pasada porque es una temática que pega más con estas estaciones frías. ¿Volverán este año?
Escaparates de tiendas de París (Winter '12)
Escaparate Chanel París (Winter '12)
No llevamos ratas ni pájaros ni escarabajos de verdad colgados de ningún sitio pero si muchísimas marcas los han convertido en bisutería y en estampados de camisas, por ejemplo Pamela Love y H.A.M (cuyas creadoras, puedo presumir, son compañeras del Postgrado y aparecen en las fotos de más arriba) y Pull&Bear y Zara como ejemplos más comerciales.
Pamela Love
H.A.M
Pull&Bear
Zara
Y por último os dejo con Lana del Rey luciendo abejorro en su preciosa boca. Espero que os haya gustado la panorámica de hoy y que tengáis un feliz fin de semana libre de insectos y de animales salvajes (o no).
Au revoir.






















































